27 ene. 2012

Los Eames, o de la seriedad del placer

Charles Eames y su mujer, Ray, diseñaron muebles, casas, toda clase de objetos, organizaron exposiciones e hicieron películas. Él era arquitecto de formación y ella pintora. Juntos fundaron un estudio conocido como "el 901" por el número del Washington Blvd. de Venice Beach en el que se encontraba. Desde allí y durante cuatro décadas crearon un estilo inconfundible bajo el lema "the best for the most for the least", que yo traduciría así: "lo mejor para cuantos más mejor por cuanto menos mejor".

Su historia se cuenta en el magnífico documental "Eames: the architect and the painter"(2011), dirigido por Jason Cohn y Bill Jersey.








Debo reconocer que a mí me gustaría vivir en un mundo en el que todo, absolutamente todo, hubiera sido diseñado por los Eames. Esa es mi imagen particular del paraíso. Creo que la razón por la que me gustan tanto sus creaciones es porque reflejan perfectamente la filosofía contenida en otra frase que se atribuye a Charles: "take your pleasures seriously" ("tómate tus placeres en serio"). Si en algún lugar reside la verdadera felicidad tiene que ser dentro de esa concepción hedonista de la vida.




Una de las facetas menos conocidas del matrimonio es su condición de cineastas. A lo largo de su vida, los Eames rodaron gran cantidad de películas, algunas con fines promocionales, pero la mayoría educativas, experimentos y caprichos personales.

La más famosa es, probablemente, la literalmente alucinante "Powers of Ten"(1968), un viaje en el espacio y en el tiempo a los confines del universo.




Pero mis favoritas son "Toccata for Toy Trains" (1959) y "Tops" (1969), dedicadas respectivamente a los trenes de juguete y a las peonzas. Yo les hice un modestísimo y torpe pero sentido homenaje aquí.




Los Eames se construyeron su propia casa en Pacific Palisades, frente al océano, conocida también como "Case Study House No. 8" porque el proyecto original formaba parte de un experimento de la revista "Arts & Architecture" que dio lugar a otras viviendas famosas diseñadas por Richard Neutra, Eero Saarinen (socio de Charles en sus inicios) o Raphael Soriano.


Interior de la Eames House


Gracias a los Eames descubrí a Sister Corita, de la que eran grandes amigos. Compartían una misma manera lúdica y al mismo tiempo extremadamente rigurosa de afrontar la vida y el trabajo. Es difícil, si no imposible, encontrar una imagen de Charles, de Ray o de Corita en la que no estén sonriendo. Así debe ser cuando dedicas tu tiempo a hacer más fácil, agradable y cómoda la vida de los demás.


Colección de sellos en homenaje a los Eames

Así debe ser cuando te tomas tus placeres en serio.

24 ene. 2012

La Fuga

Desde hace dos semanas se está emitiendo en Telecinco "La Fuga", una serie creada por mí y de la que he sido también productor ejecutivo junto a Joaquín Górriz.

Anna Serra (María Valverde)

La historia detrás de "La Fuga" es larga y complicada. Ahora que la serie ya está en antena, me gustaría aclarar algunos aspectos del proceso de desarrollo del proyecto porque muchas de las cosas que se han publicado en internet durante los dos años que "La Fuga" ha tardado en ver la luz son inexactas.

En enero de 2010, David Martínez llegó a Telecinco procedente de TVE para ponerse al frente del Departamento de Ficción de la cadena de Mediaset. Yo entonces trabajaba como productor ejecutivo en BocaBoca y en nuestra primera reunión con él, David nos explicó qué tipo de proyectos estaba buscando. Comentó que estaba abierto a historias de género y mencionó de pasada la ciencia ficción. Esa semana yo había comprado el DVD de una película que en su día me había gustado mucho, "Atmósfera Cero" (1981) de Peter Hyams. Viéndola en mi casa pensé que sería una buena idea desarrollar una historia ambientada en el futuro, en un lugar cerrado. La película de Hyams transcurre en una mina perdida en un planeta lejano. 

En 2009, además, se había estrenado con enorme éxito "Celda 211". La película de Daniel Monzón demostraba que se podía hacer género en clave española, en este caso un drama carcelario, algo prácticamente inédito en nuestra cinematografía.

Sean Connery en la película de Hyams 
Daniel Monzón dirigiendo a Tosar y Ammann


"La Fuga" es, por tanto, "hija bastarda" de "Atmósfera Cero" y de "Celda 211" (de hecho, el personaje interpretado por Aitor Luna se llama Daniel en justo homenaje a Monzón, que es un buen amigo).

Se reprocha a menudo a la ficción televisiva española su falta de originalidad, se afirma que recurre a menudo a la copia más o menos descarada de series extranjeras. A propósito de "La Fuga" muchos han hablado de "Prison Break". Diré con total honestidad que, aunque veo muchísimas series americanas, cuando empecé a pensar en lo que acabaría llamándose "La Fuga" sólo había visto un par de capítulos de esa serie en concreto. Tiempo atrás sí que había visto la histórica "Oz" de Tom Fontana, por ejemplo. Pero repito que mis referencias directas eran las películas de Monzón y de Hyams. Y por extensión todas las historias de fugas, literarias y cinematográficas, que marcaron mi infancia y juventud, como "La Gran Evasión", "El Conde de Montecristo", "Papillon", "Fuga de Alcatraz", "Cadena Perpetua"... Por cierto, hablando de originalidad, la película de Hyams protagonizada por Connery le debe su argumento a "Solo ante el peligro" (1952) de Zinnemann. Lo que no es tradición es plagio, que decía D'Ors. O convenciones genéricas, me permito añadir yo.

En todo caso, es cierto que en una industria tan conservadora como la de la ficción televisiva en España, donde las cadenas que producen se dirigen a un público generalista y familiar, el parecido con un éxito previo suele facilitar las cosas a la hora de colocar un proyecto. Sobre todo para una serie arriesgada. Y "La Fuga", en nuestro panorama, sin duda lo es.

Lo era aún más en sus orígenes. Y es justo reconocer el valor de David Martínez al acoger con entusiasmo una historia que se llamaba entonces "Dante 9" y transcurría en el año 2650 en una prisión espacial a más de 30 años luz de la Tierra. El título (por el noveno círculo del infierno según el Poeta Supremo) era el nombre de la cárcel. Unos días más tarde hice una búsqueda en Google y descubrí que ya existía una película francesa con un título muy parecido (cambiaba el 9 por un 1). ¿Adivinan de qué iba? De una cárcel en el futuro. Definitivamente, la originalidad no existe.

Mientras tanto, y antes de empezar a escribir ningún guión, nuestra cárcel se había acercado en el espacio y en el tiempo. Acabamos situándola en la Luna y en 2055. La idea de trasladar la acción a nuestro satélite natural fue del maestro Benjamín Fernández, que se incorporó al proyecto muy pronto. Una cárcel desde cuyo patio los presos pudieran ver, a través de una cúpula transparente, la Tierra flotando en el cielo negro.

La Tierra desde la Luna (el cráter Shackleton visible a la dcha.) Foto tomada por el satélite Kaguya


En ese momento, el director con el que contábamos para diseñar la serie era Gonzalo López Gallego, con quien ya había trabajado en "La piel azul". Gonzalo es, además de un magnífico director y un mejor compañero, un auténtico lunático; le apasiona todo lo que se refiere al satélite, las misiones Apollo, las películas sobre el tema...

Escribimos las primeras versiones de guión y Benjamín Fernández y su hijo Alejandro empezaron a plasmar en papel sus propuestas para los decorados.

La cárcel en el cráter de Shackleton (dibujo original de Benjamín Fernández)



Nuestra prisión aprovechaba las instalaciones de una colonia lunar formada alrededor de una mina de Helio3. En el dibujo de arriba se pueden localizar las tres cúpulas transparentes en donde estarían los patios, el único lugar en que los presos podrían ver el exterior. La mayor parte de los decorados se supondrían excavados bajo la superficie de la Luna, por lo que las paredes de las celdas serían de roca.


Como se puede comprobar, muchos de los elementos se han mantenido en los decorados que finalmente construimos para la serie. Las celdas de castigo, por ejemplo, siempre fueron unas mazmorras en un pasillo estrecho y claustrofóbico.

También se diseñaron los figurines para presos, funcionarios y mineros. Los hizo Elena de Lorenzo, que, como Gonzalo López Gallego, no pudo estar en el equipo que al final abordó la producción. Sus contribuciones, sin embargo, enriquecieron el proyecto y nos señalaron el camino a seguir.





No es habitual que en la fase de desarrollo de una serie de televisión (que suele limitarse a la escritura de guiones y biblia) se avance tanto en el diseño artístico del proyecto, pero en éste en particular queríamos estar todos seguros -cadena y productora- de qué aspecto iba a tener nuestra historia en la pantalla.

A comienzos de 2011 se desestimó la idea de situar la acción en la Luna. Es cierto que resultaba un entorno muy sugerente, pero también emborronaba un poco el concepto. Si hacer un drama carcelario en España era una apuesta novedosa, convertirlo además en una serie de ciencia ficción suponía sumar demasiados riesgos. A todos nos gustaba mucho el argumento (una mujer que se hace funcionaria de prisiones para ayudar a escapar de la cárcel al hombre que ama), y necesitábamos situar la historia en el futuro (él está en la cárcel por oponerse a un régimen totalitario), pero podíamos conservar esos elementos sin necesidad de añadir naves espaciales y gravedad cero.

La Torre en el monitor del combo

Fue un momento delicado, y se corrió el rumor por la Red de que la serie se había cancelado. Nunca fue cierto. Tuvimos, sí, que pararnos a reconsiderar todo el planteamiento. La verdad es que no tardamos mucho en encontrar una alternativa a la Luna. En el futuro que habíamos imaginado se habían agotado las reservas de petróleo y el Helio3 se había convertido en la nueva fuente de energía mundial. Teníamos mucha documentación sobre cómo sería el mundo sin petróleo y sobre los usos que se empieza a dar a las viejas instalaciones petrolíferas que ya no producen crudo. Pensé que una vieja plataforma en medio del océano era un lugar perfecto para instalar una cárcel. Uno de mis compañeros guionistas señaló que la idea ya se les había ocurrido en "Face/Off" (1997), una película que me encanta pero que no recordaba que situara su cárcel en una plataforma (una vez más, la originalidad no existe). Lejos de disuadirme, la coincidencia con John Woo, director al que admiro, me hizo pensar que era una buena opción. Y que a Benjamín le gustara mucho el nuevo emplazamiento, más incluso que la colonia lunar, fue determinante.

David Martínez aprobó la propuesta y poco después se dio luz verde a la producción y comenzamos a levantar decorados.

En abril de 2011 todo estaba en marcha.

Rasta (Jordi Vilches) y Daniel (Aitor Luna)
La exactitud de los 3D previos a la construcción realizados por Alejandro Fernández es asombrosa

Yo supe entonces que, por motivos profesionales, no iba a poder quedarme hasta el final de la grabación de la primera temporada. El desarrollo se había prolongado mucho más de lo previsto y me pasó como a Elena o a Gonzalo, que otros proyectos reclamaron mi presencia (en el caso de Gonzalo el azar quiso que lo que le alejara de nuestra serie fuera una película que se desarrollaba... ¡en la Luna!).

Tomamos la decisión de incorporar inmediatamente a otro productor ejecutivo para que arrancara conmigo la grabación (que empezaríamos a primeros de julio), de modo que tuviera tiempo de hacerse con las riendas de la producción cuando yo tuviera que marcharme (a mediados de septiembre). Joaquín Górriz aceptó el nada fácil reto de incorporarse a un proyecto en marcha y se puso a trabajar con nosotros a la semana de terminar "Ángel o Demonio". Por esas mismas fechas, David Martínez abandonó la dirección del Departamento de Ficción de Telecinco y fue sustituido por Toni Sevilla. Ninguno de estos cambios supuso un problema; una serie de televisión es, por encima de todo, un trabajo colectivo y lo que importan no son tanto las personas como el proyecto. Cuando yo me marché se estaba grabando el capítulo 7 y la serie quedaba en manos de un equipo técnico y artístico fantástico que dio hace pocos días la última claqueta de la temporada. Ahora la palabra la tiene el público.






En verano, cuando llevábamos apenas un mes grabando, se publicó en internet que la cadena había decidido eliminar los elementos de ciencia ficción al ver las primeras imágenes de la serie. Es totalmente falso. Como ya he explicado, esa decisión se había tomado meses antes, a principios de año. Lo que se cambió fue el título. Cuando abandonamos el concepto "lunar", desde la producción ejecutiva advertimos de la conveniencia de buscar una alternativa a "2055" (que siempre fue un título provisional). La fecha remitía inevitablemente a la ciencia ficción, género al que ya no pertenecía la serie (cuya historia se desarrollaba ahora en un futuro cercano sin determinar). Generaba por tanto más confusión que otra cosa. Sin embargo, en Telecinco gustaban mucho las posibilidades promocionales de ese título por la coincidencia de los cincos con la imagen corporativa de la cadena, y por eso se había mantenido. Pero al final se dieron cuenta de que era mejor cambiarlo. Se barajaron varios, entre ellos "La Torre", y finalmente se escogió "La Fuga".

Ni mi marcha (decidida en el mes de mayo) ni el cambio de título tuvieron nada que ver con un descontento de la cadena al ver los primeros resultados en septiembre. Después de terminar el primer montaje del primer capítulo se decidió regrabar algunas secuencias, es cierto, pero todo el que conoce este negocio sabe que eso es algo completamente normal. La última palabra la tiene siempre el cliente, que es la cadena, y el cliente siempre tiene razón. El público, luego, se la da o se la quita. Y de momento los resultados han sido satisfactorios.

Número Uno (Jack Taylor) en el monitor del combo; un privilegio haber podido contar con su talento. El personaje fue escrito pensado en él. Ha trabajado a las órdenes de Jesús Franco, Richard Lester, Polanski, Téchiné, Monte Hellman, Milos Forman...

La ficción televisiva en España tiene que lidiar con serios hándicaps como el excesivo metraje de los episodios, la necesidad de atraer a targets amplísimos, las limitaciones presupuestarias... Sin embargo, creo que si miramos hacia atrás con cierta perspectiva, en los últimos años se están rompiendo barreras que parecían infranqueables. Es una progresión, lenta si se quiere, pero progresión al fin y al cabo.

En el mundo anglosajón, las cadenas de cable revolucionaron la ficción para televisión hace unos años; "Oz" fue precisamente la primera serie dramática de 50 minutos que abordó HBO. Luego vendrían "Los Soprano", "Six Feet Under" y tantas otras. Palabras mayores. Ellos sí que están en otro planeta, a años luz de lo que podemos hacer aquí (y en casi cualquier otro sitio). En España, las cadenas "premium" acaban de empezar a producir (y "Crematorio" es un buen ejemplo de que la apuesta por la calidad es posible). Si se me permite un símil deportivo, nos encontramos como cuando Fernando Martín fichó por los Portland Trail Blazers. Tuvieron que pasar 15 años antes de que otro español, Pau Gasol, jugara en la NBA. Ahora son ya 6 y Gasol figura en el All Star.

Si las cadenas siguen apostando y las audiencias acompañan, confío en que no tengan que pasar 15 años para que podamos experimentar una revolución semejante. Quizá peque de optimista, pero quiero pensar que es posible. Los que nos dedicamos a esto por lo menos tenemos que intentarlo.

15 ene. 2012

Honrar a la furia

James Agee
José Bergamín


"Todos los verdaderos artistas poéticos sufren, tarde o temprano, esta injuriosa y calumniosa difamación del éxito. Es el caso de Beethoven, de Rafael o Tiziano o Mantegna, de Dante o de Baudelaire o Poe; de todos los que han hecho, por verdadero, más difícil el arte poético; y han tenido el peor fracaso de todos: el de un éxito social, vital, que, verdaderamente, no les correspondía."
José Bergamín, 1933


"Todas las furias de la tierra han sido absorbidas con el tiempo como arte, o como religión, o como autoridad en una u otra forma. El golpe más letal que puede asestar el enemigo del alma humana es honrar a la furia. Swift, Blake, Beethoven, Cristo, Joyce, Kafka, nombren a uno que no haya sido castrado de esta forma. La aceptación oficial es el síntoma inconfundible de que la salvación ha vuelto a ser vencida, es la señal más segura de una incomprensión fatal y es el beso de Judas."
James Agee, 1939


Que dos escritores, uno español y el otro americano, contemporáneos pero con casi total probabilidad desconocedores cada uno de la existencia del otro, escriban con tan solo seis años de diferencia dos párrafos tan parecidos en fondo y forma resulta cuando menos sorprendente.




Las palabras de Bergamín proceden de una conferencia titulada "El pensamiento hermético de las artes" cuyo texto publicó en el primer número de la revista "Cruz y Raya", de la que era fundador (yo las he encontrado, gracias a mi hermana, en la Introducción del libro de Gonzalo Penalva "Tras las huellas de un fantasma"). Las de Agee son del Préambulo a "Elogiemos ahora a hombres famosos", del que ya hemos hablado aquí.

Bergamín nació en 1897 y Agee doce años más tarde, en 1909. El primero se crió en una familia numerosa y acomodada. Agee sólo tuvo una hermana y su padre murió cuando él tenía seis años. Uno era menudo y el otro corpulento. Pero les une su condición de "marginados" literarios, de "outsiders". Ninguno obtuvo en vida el reconocimiento que merecían; ambos escaparon, pues, a ese "beso de Judas" que es la "difamación del éxito". Y ambos conciliaban sin aparente esfuerzo las ideas izquierdistas con una sólida fe cristiana. Reproduzco a continuación dos fragmentos de sendas semblanzas escritas por quienes les conocieron bien.


Bergamín, según Jean-Claude Carrière:

"(...) Fue una de las inteligencias más sensibles, penetrantes, desconcertantes y divertidas que jamás haya conocido (...) Enjuto, pequeño, aparentemente frágil, andaba como dando saltos, a paso corto, inclinado hacia un lado y dando siempre la impresión de que una ráfaga de viento podía llevárselo (...) Una cara delgada, como chupada, pequeños ojos arrugados, cabello largo y fino, de un negro que viraba hacia el gris, ejercía extrañamente una seducción inmediata (...) Último representante de cierta forma de catolicismo español, lejos de cualquier dogmatismo, llegó a escribir un ensayo sobre las persecuciones religiosas que se cometieron en España durante la guerra civil (...) Por encima de todo, era poeta."


Agee, según Walker Evans:

"No tenía mucho aspecto de poeta, intelectual, artista o cristiano, todo lo cual era. Tampoco había ningún signo exterior de su cólera paralizante y autoflageladora (...) Era muy corpulento, a la manera engañosa de los hombres vigorosos con discreción. Le faltaba gracia en los movimientos. Sus manos eran grandes, largas, huesudas, ligeras y descuidadas (...) Su cristianismo -si un extraño puede intentar hablar de él- era un vestigio pinchado y residual, pero, aún así, una emoción pura y enraizada. Era una cuestión ex religiosa, o no religiosa, y apenas se notaba."


Carrière tradujo al francés uno de los libros de Bergamín, "El clavo ardiendo". Walker Evans, por su parte, compartió con Agee la experiencia con los aparceros de Alabama que los dos reflejaron en "Elogiemos ahora a hombres famosos", uno con la cámara y el otro con la palabra.

Decía al principio que es altamente improbable que Bergamín y Agee supieran el uno del otro. Sin embargo, existe un nexo entre ambos: Buñuel. Don Luis era buen amigo de Bergamín desde antes de la guerra civil; él fue quien se lo presentó a Carriére años más tarde. Ignoro, aunque he intentado averiguarlo, si Buñuel y Agee se conocieron personalmente. No sería nada raro, ya que el cineasta aragonés vivió en Los Estados Unidos en los 40, dos años en Nueva York trabajando para el MOMA. Agee vivía entonces allí y pertenecía al mundo literario y cinematográfico de la ciudad. En las biografías del escritor americano, sin embargo, no se menciona a Buñuel.

Pero ambos, Buñuel y Agee, tuvieron una amiga en común: la fotógrafa Helen Levitt, discípula de Walker Evans.


Helen Levitt

Levitt y Agee trabajaron juntos en varios proyectos, entre ellos el libro "A Way of Seeing" y la película The Quiet One (1948), un experimento neorrealista que obtuvo reconocimiento en el Festival de Venecia.




Y Levitt, gran admiradora de "Las Hurdes, tierra sin pan" (1933), colaboró con Buñuel durante la estancia del cineasta en Nueva York.




Existe un parentesco innegable entre "Las Hurdes, tierra sin pan" y "Elogiemos ahora a hombres famosos"; son obras que comparten un mismo aliento poético, incluso ideológico, aunque evidentemente las sensibilidades de Buñuel y de Agee sean muy distintas. Yo me atrevo a aventurar que además el libro de Agee y Evans hubiera sido muy del agrado de Bergamín (supongo que nunca lo leyó porque no se publicó en español hasta diez años después de su muerte).

Carriére nos cuenta en sus memorias españolas "Para matar el recuerdo" que Bergamín decía a menudo una enigmática frase: "aprende a empobrecerte". Creo que Agee habría comprendido y suscrito esas palabras.

Ambos merecen ser honrados, aunque con ello corramos el riesgo de ser cómplices de los golpes que asestan los "enemigos del alma humana".

9 ene. 2012

Peter Yates

Vi por primera vez "The Hot Rock" (que en España se tituló "Un diamante al rojo vivo") en televisión, probablemente en "Sábado Cine", a finales de los setenta o comienzos de los ochenta. 




















De niño disfrutas de las películas sin analizarlas. Luego creces y comprendes por qué algunas te gustan tanto. Otras dejan de interesarte. Las que siguen fascinándote año tras año, a pesar de que tu gusto evoluciona o se sofistica, ésas son realmente especiales. Pasan a formar parte de tu vida.


Aquella primera vez que vi "The Hot Rock" creo que lo que me atrapó fue su original mezcla de humor y suspense. Era "cool" cuando aún no sabíamos lo que significaba esa palabra. Yo tengo que reconocer que me pasé mucho tiempo cruzando las calles al volver del colegio como Redford/Dortmunder al final de la película, trotando rítmicamente y extendiendo el brazo para detener a los coches.

A los doce años uno no se fija en los títulos de crédito. Sólo reconoces a los actores. "The Hot Rock" era una película de Robert Redford, el de "Dos hombres y un destino", el de "Todos los hombres del presidente". Con el tiempo te enteras de que esas tres películas están escritas por el mismo guionista, William Goldman. Un poco antes aprendías a adivinar que una película iba a merecer la pena con sólo ver (y sobre todo escuchar) la secuencia de créditos: la aparición del nombre de Quincy Jones era siempre una garantía que raramente defraudaba. Su estilo era inconfundible.





Tardas más en caer en la cuenta de que "The Hot Rock" está basada en una novela de Donald Westlake, autor también de la que dio lugar a otra de esas películas que te marcaron de pequeño: "A Quemarropa", con Lee Marvin. Y mucho después te enteras de que Westlake también escribe guiones adaptados de otros grandes escritores, como el de "The Grifters", basado en la novela de Jim Thompson... el mismo que escribió "La Huida", adaptada por Walter Hill cuando sólo era guionista, dirigida por Sam Peckinpah y protagonizada por Steve McQueen... ¡el de "Bullitt"!... y entonces te fijas en el nombre del director de "Bullitt" y ves que es Peter Yates... el mismo que hizo "The Hot Rock"...



Ahora es posible hacer todas estas conexiones en cuestión de segundos gracias a internet, pero antes podía llevarte años, del mismo modo que hasta la aparición del VHS tenías que esperar a un nuevo pase en televisión o a algún ciclo en la filmoteca para ver de nuevo las películas y comprobar si habían conservado su poder de fascinación.

Peter Yates dirigió también otra de mis películas favoritas de todos los tiempos, "Los amigos de Eddie Coyle", de la que ya he hablado en este blog. Se trata de una adaptación de la opera prima de George V. Higgins, y en mi opinión es uno de los poquísimos ejemplos en los que una novela extraordinaria da lugar a una extraordinaria película.


Por alguna razón, descubrí esta película de Yates hace relativamente poco tiempo. A pesar de estar protagonizada por Robert Mitchum, que hace además una de las mejores interpretaciones de su carrera, nunca la he visto programada en televisión. Supe de su existencia a través de un comentario sobre la novela escrito por Elmore Leonard, autor cuyo rastro nos llevaría hasta Tarantino, Soderbergh...



Peter Yates murió justo hace un año, el 9 de enero de 2011. Pocos meses más tarde murió mi padre. Ambos habían nacido en 1929 y se habían casado en 1960. No es más que una casualidad sin importancia, otra conexión más. Como lo es también que uno de los últimos trabajos de Yates le trajera a España: rodó en el año 2000 una versión para televisión de El Quijote protagonizada por John Lithgow, Bob Hoskins e Isabella Rossellini.

Mientras escribo siempre me escoltan los carteles de "The Hot Rock" y de "Los amigos de Eddie Coyle", uno en la pared de enfrente y otro justo a mi espalda. A su lado, los carteles de otras de mis películas favoritas, dirigidas por grandes cineastas como John Cassavetes, Richard Brooks, Alan Pakula, Michael Cimino... 

Peter Yates es el único director que se repite en dos carteles.