16 dic. 2011

Christopher Hitchens

The New York Times, el periódico más influyente del mundo según dicen, paró sus rotativas para cambiar la primera página de su ejemplar de hoy e incluir en ella el obituario de Christopher Hitchens.


A partir de ahora, parafraseando el título de uno de sus libros, tendremos que estar "preparados para lo peor". Como ha dicho su gran amigo Salman Rushdie, hoy se ha callado una gran voz y se ha parado un gran corazón. Los que esperábamos impacientes cada nuevo artículo, libro o aparición de Hitchens tendremos que conformarnos con releerlo. Afortunadamente, tuvo tiempo de publicar sus magníficas memorias, "Hitch-22", durante cuya promoción le diagnosticaron el cáncer que le ha causado la muerte. Tenía sólo 62 años.

A propósito de la fatwa dictada por Jomeini contra Rushdie, Hitchens afirmó que aquello supuso para él un combate entre lo que más odiaba en el mundo contra lo que más quería en el mundo. En la columna de sus odios: la dictadura, la religión, la estupidez, la demagogia, la censura, el matonismo y la intimidación. En la de sus amores: la literatura, la ironía, el humor, el individuo y la defensa de la libertad de expresión.

Siempre luchó contra lo que odiaba y defendió lo que amaba, y lo hizo con brillantez y erudición. Pero sobre todo fue implacable, sin importarle quién se pusiera en el objetivo, ya fuera un premio Nobel de la Paz, una santa o el mismísimo Dios.


Lo normal en estos casos sería terminar con el consabido "descanse en paz", pero como dice el periodista Jeff Jarvis, eso, en el caso de Hitchens, sería pedir un imposible.


Su hermano Peter, con el que mantenía una relación complicada, ha escrito este maravilloso elogio en su blog. Sus palabras se convierten sin duda en el mejor homenaje posible a uno de los intelectuales más importantes de nuestra época.

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